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150 AÑOS DEL PINTOR DE MIRANDA - José Alberto Medina Molero

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La pose adusta, casi incurriendo en una melancólica resignación, los signos de la prisión en el aire, el fastidio de las horas que arremeten contra el cautivo y lo siembran en la nada, la actitud, en el fondo retadora del semblante del héroe caído, todas estas agrias sensaciones transmite su cuadro sobre el precursor de la independencia americana y gran trotamundos, probablemente su cuadro más célebre: Miranda en La Carraca. Nos referimos a Don Arturo Michelena, pintor del que celebramos hoy el sesquicentenario de su nacimiento en Valencia, estado Carabobo. Un creador excepcional que junto a Martín Tovar y Tovar y Cristóbal Rojas forman esa tríada monumental de pinceles que deparó grandes cuadros de la Venezuela ida con alzamientos, montoneras, revueltas y guerras de todo género y tamaño.

Demás está decir que Michelena fue un pintor prodigioso desde imberbe, con una capacidad única para el dibujo se destacó de inmediato en ese medio que se debatía aún con los ecos y los fragores de la Guerra Federal, la cual concluyó precisamente en el año de su nacimiento, 1863. Con apenas 24 años y luego de ganarse una beca para estudiar en París, triunfa en grande en Europa: uno de sus cuadros (El niño enfermo) se hace merecedor de la medalla de oro, algo sin precedentes, pues nunca la Academia francesa había dado un tributo de esa naturaleza a un extranjero, siendo Michelena una especie (también al igual que el futuro objeto de su pincel, por cierto elaborado dos años antes de su fallecimiento en 1898) de precursor de nuestros artistas en el exterior.

Sin duda tuvo talento a borbotones, pero también Don Arturo Michelena poseyó la constancia a toda prueba de perseguir sus sueños, su razón de existir sobre esta tierra, es por ello que cuando en 1890 retorna por segunda vez a Venezuela, por consejo de su médico (sufría Michelena de tuberculosis) se dedica a plasmar en lienzo toda una serie de obras que le han dado posteridad. Entre estos, y en adicional a la celebérrima obra del preso de Cádiz, se encuentra una muy singular: El descendimiento (1897), en el que representa el proceso mediante el cual se baja de la cruz el cuerpo de Cristo (* ver enlace), una escena de gran dramatismo hecha en el umbral de la propia agonía del artista, que como Sucre, a quien pintó en el sitio de Berruecos, falleció con apenas 35 años de edad. Sería interesante sí pudieran apreciar, vía internet, el cuadro de 1887 denominado Una vista electoral.

En sólo 11 años de luz, color y dedicación Arturo Michelena construyó un universo plagado de belleza, heroicidad, drama humano y caridad, todo ello a través del prisma eterno del arte, que transforma, acerca y contrasta.

Alfredo Boulton, autoridad en materia del arte en general, en sus libro Historia abreviada de la pintura en Venezuela, aporta un elemento que naturalmente se nos escapa a los legos y que constituye una muestra de la incalculable valía de la obra de Michelena: “En algunas de sus obras se perciben a veces como ciertas tonalidades sonoras que es más frecuente hallar en otras expresiones de arte, cuando son evocadas por la pintura es porque ésta ha representado sus propias limitaciones e invade campos más amplios, despertando sensaciones de la más alta emotividad”.

La memoria y creaciones de Don Arturo Michelena merecen nuestro reconocimiento y admiración como altísimo valor venezolano.

Treinta y cinco años de vida y una obra en pie para la eternidad.

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