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Armstrong: 'Sí, me dopé'

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Lance Armstrong admitió este viernes lo que había negado durante años: que recurrió a sustancias prohibidas para lograr sus siete triunfos en el Tour de Francia. Pero el ciclista de Austin apenas desveló detalles sobre sus artimañas, aseguró que no había presionado a sus colegas para doparse y se negó a confirmar las acusaciones que pesan sobre personas de su entorno como su médico Michele Ferrari o su mentor Johan Bruyneel.

"No sé si tengo una buena respuesta para eso", dijo el tejano cuando Oprah Winfrey le preguntó por qué se había decidido hablar ahora. "Supongo que es demasiado tarde y que es algo demasiado grande para demasiada gente. Pero eso es culpa mía. Yo percibo esta situación como una gran mentira que he repetido muchas veces".

Armstrong sigue pensando que no le habrían cazado si no hubiera abandonado su retiro para correr el Tour de 2009 y atribuye su deseo de ganar a toda costa a la misma tenacidad con la que afrontó su batalla contra el cáncer a mediados de los años 90. "Yo era un tipo que esperaba lograr cualquier cosa que quisiera y controlar cualquier resultado", dijo el ciclista. "Eso es inexcusable y comprendo que haya gente que oiga esto y no me perdone jamás".

La confesión se produjo al principio de la entrevista con cinco monosílabos en respuesta a las preguntas de su anfitriona. Armstrong reconoció que se había dopado con EPO, autotransfusiones, cortisona, testosterona y hormona del crecimiento.

'La cultura' del ciclismo

Atribuyó su conducta a "la cultura" del ciclismo a finales de los años 90 y aseguró que entonces no sintió que estuviera haciendo nada incorrecto o que estuviera engañando a sus colegas del pelotón. "Doparse era como poner aire en nuestras ruedas y agua en nuestros bidones. Era parte de nuestro trabajo", dijo al describir los años en los que dominó el ciclismo mundial. "Yo no creo que haya hecho trampas. Creo que todos competíamos en condiciones similares".

Armstrong admitió que empezó a tomar sustancias para potenciar el oxígeno de su sangre en los años 90 y describió su régimen de dopaje como "bastante conservador". Pero no entró en detalle sobre las acusaciones que se le imputan y describió su conducta como el fruto de un programa metódico para evitar los controles durante el Tour.

Armstrong recordó que en sus años apenas se sometía a los ciclistas a pruebas fuera de la carrera y no existía el llamado pasaporte biológico, que describe los parámetros de la sangre de cada ciclista con el objetivo de detectar después cualquier fluctuación. Armstrong dice que esos dos extremos se lo habrían puesto difícil para doparse y asegura que no consumió sustancias prohibidas en su retorno al ciclismo de elite en los Tours de 2009 y 2010.

Colegas como Frankie Andreu o Christian Vande Velde han acusado a Armstrong de amenazar con represalias o despidos a quienes no siguieran las directrices de dopaje del doctor Ferrari. Un extremo que el ciclista de Austin negó este viernes pese a los testimonios que contradicen su declaración. "El líder de un equipo predica con el ejemplo", afirmó el ciclista.

"Éramos un equipo competitivo y todos éramos adultos. Se esperaba que estuviéramos preparados para correr. Pero no hubo presión verbal. Eso no ocurrió. Aunque ya sé que ahora no soy la persona más creíble del mundo".

Un miserable

Armstrong admitió que se había portado como un miserable con quienes desvelaron que se había saltado las normas para ganar el Tour de Francia. "Es cierto que me comporté como un matón", afirmó cuando la entrevistadora le recordó que había llamado 'zorra' a la esposa del ciclista Frankie Andreu. "Intentaba controlar lo que decían de mí. Quería perpetuar mi historia y esconder la verdad".

Armstrong sugirió que sus adversarios seguían programas similares de dopaje. Pero optó por no apuntar contra ningún miembro del pelotón. Tampoco dejó en evidencia al doctor Ferrari, que según varios testimonios coordinaba su programa de dopaje y al que el ciclista definió como "un hombre bueno e inteligente".

El tejano insinuó que sus triunfos le habían dado menos satisfacciones que el proceso para lograrlos y aseguró que no era consciente de la magnitud de la mentira hasta hace unos días. "Lo importante es que empiezo a entenderlo", dijo sin un solo rastro de emoción.

"Ahora veo el enfado y la decepción en el rostro de la gente que me apoyaba y creía en mí. Tienen derecho a sentirse traicionados y pasaré el resto de mi vida disculpándome e intentando volver a ganarme su confianza".

¿Fue sencillo esconder la verdad? "Lo fue", aseguró Armstrong. "Aunque no fue el momento más feliz de mi vida. Soy mucho más feliz ahora que entonces".

Armstrong reconoció haber falseado un positivo por cortisona en el Tour de 1999. Pero negó que hubiera hecho una donación a la Unión Ciclista Internacional (UCI) para tapar un caso de dopaje en el Tour de Suiza de 2001 o que hubiera sobornado a la fiscalía californiana que archivó en febrero del año pasado la querella criminal que pesaba contra él. "Entonces pensé que lo peor había pasado", dijo el ciclista de Austin, que unos meses después fue desposeído de sus títulos por la agencia antidopaje.

Armstrong se presentó como una víctima del responsable de la agencia Travis Tygart e insinuó que se le había negado la posibilidad de obtener una sanción reducida a cambio de su confesión: "Les habría pedido que me dieran tres días y habría hablado con mi familia, con mi fundación y con mis patrocinadores. Me habría encantado que lo hicieran. Pero ahora ya es imposible".

El ciclista tejano se mostró dispuesto a exponer su versión si se crea una comisión para limpiar el ciclismo de cualquier sombra de dopaje. Pero sigue sin admitir que sean ciertas acusaciones como la de la esposa de su colega Frankie Andreu, que asegura que le oyó confesar a sus médicos durante su convalecencia por un tumor en un testículo que había consumido sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento antes de 1996.

Reconocerlo habría supuesto derribar una de las premisas de su argumentación: que el cáncer fue el origen de su dopaje y de sus mentiras. "Antes de mi diagnóstico yo diría que era un competidor pero no un competidor empedernido", afirmó. "Ese proceso me convirtió en una persona capaz de ganar a cualquier precio. Fui capaz de hacer cualquier cosa por sobrevivir y eso era bueno. Pero adopté esa actitud despiadada e implacable en el ciclismo y eso fue malo".

 

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