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Barry Larkin, un profesional consumado

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Barry Larkin

 

Barry Larkin acababa de terminar su última temporada para los Rojos de Cincinnati en 2004 y formó parte del Juego de Estrellas a la "madura" edad de 40 años. Después de 19 temporadas, terminó con un porcentaje de embasamiento de .371 durante su carrera, 441 dobles, 76 triples, 198 jonrones y 379 bases robadas.

Después de una breve pausa luego de años a cargo de la oficina central de los Cincys, en el mes de noviembre de ese año fui nombrado vicepresidente senior y gerente general de los Washington Nationals y llamé a Barry para ver si quería jugar en el campocorto por una temporada final en la capital del país. La medida sin duda podría haber ayudado a su carrera posterior como jugador, no importa cuál dirección escogiera para continuar. Siempre he visto a Barry como un fututo manager y todavía lo veo así; creo que tiene una oportunidad legítima de sustituir a Dusty Baker en unos pocos años como manager de los Rojos, si decide tomar ese camino.

Cuando Barry llegó de visita conmigo a Melbourne, Florida, yo tenía varias ofertas de trabajo para él. Podría haber jugado campocorto para nosotros, pero también le ofrecí otros puestos: asesor de béisbol, asistente especial del gerente general, instructor especial, o una combinación de los cuatro. Él trajo a su familia y recorrió el complejo de entrenamientos de primavera, la pasó dialogando y meditando sobre su futuro. Fue un futuro que todos sabíamos que pertenecía en Cincinnati en lugar de Washington, pero simplemente las circunstancias del momento no permitieron que fuera una opción viable para él.

Mientras arribábamos al dugout como grupo, Barry comenzó a caminar delante de nosotros a un ritmo acelerado. Lo vi cruzar la línea de foul en dirección a la lomita del lanzador y, finalmente, detenerse en el campo corto. El resto de nosotros estábamos todavía en el dugout y momentos más tarde nos unimos a él en "su casa", en la posición del campocorto.

Por un momento, pensé que estaba en la secuela de "Campos de Sueño". De hecho, me puso la piel de gallina.

La realidad es que la mayoría de nosotros nos sentamos en una oficina con un escritorio dentro de algún edificio. Recordé rápidamente que el espacio entre la base segunda y la tercera era la oficina de Barry. Pasaron sólo segundos antes de que me diera cuenta de que Barry no iba a jugar el campocorto de los Nacionales. En su lugar, iba a seguir los pasos de Carl Yastrzemski, Tony Gwynn, George Brett y los otros grandes que habían pasado toda su carrera jugando con un equipo. De hecho, es un logro difícil en esta época del arbitraje, la agencia libre y los impuestos de lujo.

Toda mi carrera como gerente general en Cincinnati fui bendecido por un campocorto y ese fue el número 11, Barry Larkin. Era el mejor de la Liga Nacional en esa posición durante su época. Participó en 12 Juegos de Estrellas, ganó ocho premios del Bate de Plata, un Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y tres premios de Guante de Oro. Estoy seguro de que se hubiera ganado ocho de no haber sido por la brillantez de Ozzie Smith, el campocorto de los Cardenales.

Era el mejor en el deporte en batear rodados a segunda base para avanzar a un corredor a tercera con menos de dos outs. Era el mejor en el juego en rango defensivo hacia la izquierda y en hacer el atlético giro de 360 grados en la jugada hacia primera base. Robaba una base para ganar un partido en lugar de acumular números y siempre se entregaba a sí mismo para el equipo. Estaba siempre enfocado en la perseverancia, la preparación y en ganar.

Su paso por Cincinnati no fue perfecto. Barry se ocupaba de muchas cuestiones difíciles, tanto dentro como fuera del campo. Pero siempre fue un tipo firme y leal a su propietario, al gerente general, al entrenador, a los instructores y a sus compañeros de equipo, estuviera de acuerdo o en desacuerdo con una situación.

Yo era un gerente general joven, y me enseñó mucho acerca de los intangibles y la importancia de observar cómo los jugadores manejan las situaciones de presión. Lo cual significa, ¿a quién le importa si un jugador es un defensor de encima de la media si no puede hacer una jugada en un juego de 1-1 en la novena entrada? ¿A quién le importa si un jugador es un bateador de .300 con 20 jonrones si no puede producir cuando más se necesita? Barry me enseñó a ver eso.

En un momento en que era difícil atraer a los jugadores a Cincinnati a causa de nuestro bajo presupuesto y otras cuestiones fuera del terreno, Barry siempre estuvo ahí para ayudar a la organización a reclutar veteranos como Benito Santiago, Tony Fernández, John Smiley y Ron Gant.

Barry también era arrojado por la parte delantera de la camiseta y no por el nombre que llevaba en la espalda. Todo se trataba de sostener el trofeo de la Serie Mundial en la Casa Blanca, lo que hizo después de ganarla en 1990. Asimismo, nunca estaba demasiado ocupado para los demás. Barry siempre hacía tiempo para mis hijos, y eso incluía permitir a Tyler, Chad, Trey y Chase jugar en el campocorto junto a él durante la pretemporada.

 Barry entra en el Salón de la Fama este fin de semana como el mejor campocorto de su época en la Liga Nacional, pero también ingresa a causa de sus altos valores de carácter, la integridad de la familia, y toda la visión de calibre de campeonato que le dio a la organización -- su única organización -- a lo largo de su carrera. En nombre de mi familia, felicitaciones para ti, Barry, por lograr la realización definitiva de un jugador de las Grandes Ligas. Siempre serás un Rojo de Cincinnati, pero ahora te unirás al equipo al que realmente perteneces -- el plantel del Salón de la Fama que honra a los mejores individuos que alguna vez han jugado el juego de béisbol.

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