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La caída del cóndor

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Lo que le sucedió a Capriles en Cotiza, no es un prólogo, sino un epílogo de lo que se avecina...

Mucho se ha escrito del ascenso y caída de la revolución de HCH. Lo que habría que precisar es que nunca existió tal revolución. No lo decimos frívolamente pretendiendo desconocerle. Lo decimos fenomenológicamente: Lo que aquí ha habido, es un modelo militarista, jerarquizado por un reparto inédito, feroz y sin control, que nos llevó fatuamente, al delirio y a la fascinación por un hombre. Y es eso lo que debe caer, la banalidad, EL CÓNDOR, no simplemente HCHF. 

La salida de HCH del poder luce más bizarra de lo que fuimos capaces de anticipar. Nadie en medio de la hipnosis que provoca un hombre que convertimos en imbatible y providencial, pudo imaginar que ese súper-dotado por los dioses, no-pudiese sortear cualquier abismo, como no lo hace ningún mortal. Ya no es un tema estrictamente electoral o contrarrevolucionario. El hombre existe como cualquier otro de carne y hueso, por lo que también puede dejar de estar... Así las cosas, el primero que debe hablarle claro al país, diáfanamente, como polvo que somos y polvo que seremos, es el presidente Chávez. Pero sus miedos -muy mundanos por cierto- lo impiden. Reconocerse como hombre hecho de "arcilla fina" (El Corán 23:12), confesando la verdad de su padecimiento, le hace sentir vulnerable. Y esa actitud altiva no solo le traerá consecuencias a su salud, sino a su proyecto político y al país. Sí el Presidente resultase tan enfermo -como el rumor se ha impuesto desinformación- la pérdida de la confianza de los suyos, no se hará esperar. Chávez entonces habrá decretado la caída de su gobierno y el desplome de un ideal, de un pedestal... de un muro de contención. 

Es posible que no haya elecciones el 07-O. Tenemos un estado de ingobernabilidad en ciernes que merece otros esfuerzos. Es impostergable construir una gran contingencia política, que pasa por un consenso a fondo con el mismo chavismo. La transición no puede reducirse a botas, fusiles y revueltas. Lo que le sucedió a Capriles en Cotiza, no es un prólogo, sino un epílogo de lo que se avecina en un país tomado por el vacío político y la improvisación. 

A partir de esa visión inmediatista del poder, quizás vivamos la caída de un mito, pero ahora sí, el ascenso de una acéfala e incontenible revolución, vale decir, la peor de todas. 

vierablanco@gmail.com / @ovierablanco

 

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