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Cantiflas en 35 mm para rendirle tributo a su vida

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El séptimo arte conmemora, por todo lo alto, los 103 años del nacimiento de Mario Moreno, estrenando una gran producción cinematográfica sobre la vida y la obra del hombre que universalizó el sentido del humor latinoamericano.

Robert Arapé / panored@panodi.com

 

El séptimo arte conmemora, por todo lo alto, los 103 años del nacimiento de Mario Moreno. Será una fiesta cinematográfica titulada Cantinflas, una gran producción bilingüe sobre la vida y la obra del hombre que universalizó el sentido del humor latinoamericano. El público disfrutará de esos años en que Hollywood se rindió a los pies del comediante, dándole el primer crédito en la cinta La vuelta al mundo en 80 días, un honor basado en el prestigio de ser considerado por Charles Chaplin “el mejor humorista del planeta”.

“En ese momento un momento importante porque tras el estreno de esa película, en 1956, Mario Moreno obtuvo un Globo de Oro como mejor actor protagónico y su participación en la cinta motivó una recaudación de taquilla superior a los 40 millones de dólares, confirmando que el actor bajo el atuendo de ‘pelaíto’, era el más taquillero del mundo y el mejor pagado del momento”, comenta Mercedes Arellano, experta en farándula mexicana, y quien califica de “perfecta” la actuación del actor español Óscar Jaenada en el doble personaje de Mario Moreno y Cantinflas. El público mexicano no había visto con buenos ojos que un extranjero representara a un ídolo nacional en la cinta que se estrena el 29 de agosto.

“Jaenada convenció a la productora de su potencial histriónico y, aunque luego provocó polémica que un extranjero personificara a un mito nacional mexicano, el país tuvo que aplaudirlo porque revivió en carne y hueso a nuestro inolvidable comediante”, concluye la prestigiosa paparazzi.

Pero más allá del homenaje, Cantinflas sigue vivo porque aún hoy hace reír con su legado (más de 40 cintas). Encarnando el alter ego del simpático hombre pobre de los barrios populares mexicanos, todo su atuendo delataba los miles de sinsabores de los platos vacíos: pantalones amarrados con un cordel, incongruentes franelas ajustadas, sombrerillo de campesino, bigotillo ralo. Aún así, era un hombre que hacía frente a los problemas de la vida con alegría y optimismo, aunque es más preciso decir que siempre intentaba salirse con la suya, haciendo uso de una verborrea embrollada, ilógica, sin ningún contenido real, pero que terminaba dándole la razón y permitiéndole lograr su objetivo: arrancar las carcajadas del público. “A pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo”, remató su discurso al lanzar su candidatura como representante al parlamento.

Nacido en Ciudad de México el 12 de agosto de 1911, hace 103 años, ese fue el personaje que el actor mexicano Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes encarnó durante toda su vida en más de 50 películas como Ahí está el detalle, El barrendero, El gendarme desconocido, Si yo fuera diputado, El padrecito, entre otras inolvidables historias que terminaron convirtiéndose en los clásicos entre los clásicos de un actor que desde la década de los años 40 perteneció al olimpo de la historia del cine mundial. Cuando murió a los 81 años, el 20 de abril de 1993, víctima de un cáncer pulmonar por el hábito del cigarrillo, era una leyenda que amasó por sí solo una fortuna calculada en 100 millones de dólares, básicamente por la exhibición de sus películas en América Latina, mientras la onda expansiva de sus chácharas mataba de la risa en cualquier idioma de los cinco continentes. El impacto de la dicción de Cantinflas fue tal que, en 1992, la Real Academia de la Lengua Española incluyó en el diccionario el verbo cantinflear, además de los adjetivos y los sustantivos derivados de dicha palabra.

Gilberto Correa fue testigo de excepción de las visitas que realizó a Venezuela Mario Moreno. Recuerda que presentó, a finales de 1960, el show Diluvio de estrellas sobre el Lago, un programa de Venevisión realizado en Maracaibo, donde Cantinflas fue el invitado de honor, como tantas veces lo fue en Sábado Sensacional, y, lógicamente sus actuación en vivo encantó a los maracuchos”. El rochelero “Pepeto” López, por su parte, reflexiona: “Mario Moreno era una institución. Era un hombre serio, utilizaba anteojos de pasta fuera del camerino, pero se transformaba por la magia del humor”.

Cantinflas no hizo más que extraer del corazón de las masas un mensaje de “muy buena onda”. Refrescaba las almas de quienes saboreaban a diario las amarguras de la vida, en cuyo amargo sabor el humorista había nacido como un miserable más entre los millones de habitantes de una ciudad descomunal como el distrito federal mexicano. Fue el fruto más sustancioso de un matrimonio entre un triste cartero y una señora de la limpieza, Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guízar, padres que engendraron catorce hijos, aunque la mitad no sobrevivió a las penurias posteriores del parto. El sexto hijo en nacer no estaba destinado a convertirse en actor; inteligente, analítico, aplicado, debía estudiar una carrera a la altura del sacrificio sobrehumano al que estaban dispuestos a realizar sus trabajadores padres para que la numerosa familia viviera alguna vez días mejores.

“Esta producción es un homenaje a su talento. A pesar de graduarse como médico en la prestigiosa Universidad Autónoma de México, durante aquellos días en que trabajó como atracción de un circo callejero, se maquillaba y vestía de tal manera que ningún conocido pudiera identificarlo y luego corriera a casa a delatarlo con el padre, dispuesto a matarlo si rompía sus esperanzas de un mejor futuro económico”, comenta el imprescindible crítico español de cine Carlos Boyero. No obstante, ya Cantinflas daba rienda suelta a su propio destino. No le quedaba más que abandonar el bienestar de un consultorio de hospital y entregarse por entero a su verdadera vocación: hacer chistes. Lo apostó todo y, al cabo de los años, terminó ganando la partida: se realizó como actor y sacó a la familia de la pobreza; también fue un gran altruista que abogó por mejores beneficios salariales para sus compañeros de grabación.

El público podrá disfrutar de una ambientación en que Cantinflas se robaba el show bajo una carpa circense. Hablaba por horas y no decía nada. Era humilde, estaba envuelto en muchos líos, la soga de la mala situación estaba por ahorcarlo, entonces no tenía más remedio que ponerse a hablar para que la suerte le sonriera. Y, aunque se llevó a la tumba el cómo surgió el nombre que lo inmortalizaría, el público reaccionaba a sus peroratas, gritándole: “¡En la cantina te inflas!”. La película de Cantinflas hace olvidar la maldición familiar. Tras su muerte, comenzaron las luchas familiares por su millonario legado El Cantiflas en 35 mm costó tres millones de dólares y ha sido aplaudida por la familia de Moreno sin más tragedias. TAGS:undefined

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