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Caracas en Tokio

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Cae la tarde en el barrio Koenji al noroeste de Tokio. Es un grato placer caminar un fin de semana cualquiera por sus estrechas callecitas llenas de minúsculos negocios.  Bares y cafés; viejos libreros y galerías de arte; fruterías y mercados al aire libre; anticuarios y restaurantes de los más diversos orígenes gastronómicos; componen su geografía urbana. Alojados en locales pequeños con fachadas de madera o de sencilla construcción, estos establecimientos recrean, muy a la japonesa, el ambiente bohemio y festivo del parisino barrio latino o del Soho londinense. Comida hindú, tailandesa, italiana, china y japonesa. Por aquí, un sótano con un bar temático de la polinesia que ofrece cocteles hawaianos y tragos típicos de Fiji. Por allá, los rincones que sirven a los ratones de biblioteca para saciar su curiosidad por libros perdidos, discontinuados o escasos. Espacios para el arte y los artistas, artesanías y pinturas por doquier. Sitios con barras de cinco puestos, frente a las que se ubican igual número de personas, vecinos del barrio o habituales clientes del lugar,  para conversar sobre lo humano y lo divino, con el amable propietario que les atiende con una sonrisa, mientras les prepara y ofrece la comida y bebida de la casa. Son pequeños negocios, sin grandes ambiciones. Espacios minimalistas y auto-sustentables que satisfacen las necesidades de entretenimiento y ocio de sus habitantes. Que satisfacen la búsqueda del placer sencillo, de un momento agradable, sin mayores lujos ni aspavientos.  

Entre los locales más populares de esta barriada tokiota están aquellos que ofrecen los famosos pinchos de pollo a la parrilla (yakitori). En las tardes frescas de primavera o al final del verano e inicio del otoño, se encontrarán los lugareños disfrutando de una buena cerveza al aire libre. Las sillas y mesas son improvisadas con las mismas cajas o gaveras de plástico que se emplean para transportar la espumante bebida. Los comensales  se sientan sobre las cajas, a las que previamente les han colocado cojines provistos por el local. La sencillez y simplicidad es la nota. Cuando el interior del local se rebosa de clientes, entonces las aceras aledañas también se encargan de aceptarlos, ofreciendo a los andantes un espectáculo pintoresco en una metrópolis tan llena de contrastes. Mientras esto ocurre, en su estación de tren, los transeúntes de Koenji ya pueden disfrutar de la última y más avanzada tecnología en materia de máquinas expendedoras de bebidas automáticas. Se trata de la moderna expendedora de pantalla sensible al tacto (touchscreen). Los productos de tamaño natural, y en su empaque original, son mostrados vividamente en una pantalla amplia, atractiva y muy colorida. El consumidor hace su selección con un ligero toque digital sobre la bebida de su preferencia. Confirma su selección y unos segundos más tarde, aparece el producto elegido, frío o caliente, por una rendija más abajo.

Desde Koenji me dirijo hoy a las cercanías de la estación de Shinjuku. Allí se celebrará esta noche un encuentro que reúne a no menos de una docena de amigos de Venezuela. Son ellos hombres de negocio japoneses, ex-ejecutivos de empresas de este país que alguna vez habitaron en la capital de nuestra nación y quienes, dos veces al año, acostumbran reunirse para recordar a Caracas. Sí, para recordar los buenos momentos y las experiencias vividas en una ciudad y en un país que dejó una huella imborrable en ellos y en sus familias. Alrededor de una larga mesa, disfrutando también de las delicias del yakitori, esta vez en su versión gourmet, varias generaciones de antiguos "expatriados" conversan sobre un tema común: Venezuela y su capital Caracas. Estos hombres, todos juntos, cubren un período de varias décadas de estancia en la Sultana del Ávila. Período que abarca desde finales de los años 70s hasta hace poco, ya entrado el siglo XXI. Mantuvieron ellos en su estancia caraqueña diversas posiciones, tanto en empresas de comercio general como representando a la manufactura nipona y a otros servicios como la banca y seguros. La mayoría ya retirados, unos se ocupan hoy de tareas de consultaría, otros en actividades de voluntariado social y en organismos sin fines de lucro. Otros ocupan su tiempo libre en disfrutar del golf y de encuentros con amigos y ex-compañeros de trabajo, como el que hoy se celebra.  Sin embargo, la fraternidad que esta noche se reúne es una muy especial. Se trata de celebrar una vez más el haber vivido en Venezuela. Se trata de recordar anécdotas,  revivir recuerdos de una ciudad que se les quedó en el alma. Me preguntan por Caracas, quieren saber ¿cómo está? Quieren tener noticias y saber sobre la evolución durante los últimos años de la ciudad que fue su hogar. En el transcurso de la jornada, rememoran sitios y rincones. Se acuerdan de nombres de conocidos y de los amigos que hicieron durante su tránsito por el país. Me dan nombres a ver si les puedo dar pistas de algún conocido común. Se cuentan entre ellos historias personales sobre sus experiencias más memorables. Ríen a carcajadas cuando alguien tiene la ocurrencia de contar un chiste a la venezolana, con algunas palabras subidas de tono, típicas de la jerga coloquial criolla. Débiles imágenes del Ávila parecen encenderse en la mente de alguno al recordar las bondades del clima único e irrepetible de nuestra capital. Todos elogian la belleza natural de nuestro país y recuerdan con cariño a los venezolanos. Se llena uno de orgullo al apreciar la admiración que sienten por Venezuela. Impresiona ver cómo estos caballeros, venidos de tan lejanas tierras, a quienes por azar les tocó vivir con nosotros, añoran tan profundamente su paso por nuestra tierra.

El encuentro acaba puntualmente, con la rigurosidad japonesa. Han sido gratos momentos para la charla y para celebrar el hecho de haber coincidido en un punto de sus vidas en Venezuela. Por algunas horas, Caracas ha sido la protagonista en Tokio. En unos seis meses, volverán a encontrarse con la excusa de celebrar sus años de vida en nuestro país. Como si se tratara de un ritual, como si existiera ya un lazo irrompible que los une con Venezuela, volverán ellos pronto y nuevamente a recordar entrañablemente a Caracas en Tokio.

izquierdomoreno@gmail.com
Twitter: @nizquiermo

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