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Dalí: de loco, nada

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Una de las salas de la muestra de Dalí del Pompidou. | Reuters

 

"Declaro la independencia de la imaginación y el derecho del hombre a su propia locura", reza un cartel exhibido en la última sala de la exposición 'Dalí' con la que el Centro Pompidou rinde homenaje al más universal de los artistas catalanes. Hasta el 25 de marzo, esta retrospectiva montada en comandita con el Reina Sofía madrileño (a donde viajará en la primavera de 2013), repasa todos los periodos y las facetas creativas del prolífico Salvador Dalí (1904-1989), con la intención de "reevaluar su obra en un contexto museístico", como ha explicado el director del centro de arte madrileño Manuel Borja-Villel.

Dalí está de vuelta en París, con sus múltiples talentos y sus impredecibles excesos, para batir su propio récord de 840.600 visitantes, cifra nunca igualada a orillas del Sena, que el propio artista obtuvo hace 33 años, cuando aún estaba vivo, en el mismo espacio expositivo y con una antológica similar. A través de 120 de sus más aclamados cuadros, pero también de dibujos, vídeos, instalaciones, fotografías, 'performances' y otros documentos (200 obras en total), Jean-Hubert Martin y el resto de comisarios españoles y franceses responsables de la muestra proponen un recorrido cronológico y temático por la vida y la obra del autor de 'El gran masturbador' (1928) que aporta, en ciertos aspectos, una visión novedosa.

"Esta muestra subraya especialmente que Dalí no fue sólo 'un pintor y escultor genial', como le gustaba autoproclamarse sin la menor modestia, sino que era capaz de tocar todos los palos con notable talento y se interesó por el cine, el teatro, las ciencias...", declara Martin. "Esta retrospectiva representa una puesta al día de su obra y trata de ir más allá que ningún estudio daliniano anterior, sobre todo en su papel de pionero de la 'performance' y el 'happening'", añade Montse Aguer, directora del Centro de Estudios Dalinianos.

'Paisaje con chica saltando a la comba'. | AFP

'Paisaje con chica saltando a la comba'. | AFP

Ojos rasggados

La escena del ojo cortado por una cuchilla de 'El perro andaluz', aquel legendario cortometraje mudo que rodó en 1928 con Buñuel, se proyecta indefinidamente, como una bienvenida al tortuoso mundo de los sueños, para evocar el periodo en que el joven pintor catalán compartió vivencias en la Residencia de Estudiantes con Buñuel y García Lorca, de quien se exhiben en París también varias cartas y dibujos dedicados.

Y a partir de ahí, el 'método Dalí'.

"El método paranoico-crítico le permite transformar y subvertir el mundo", explica el catálogo de la expo. "Dalí propone, ante el automatismo pasivo del surrealismo un método basado en el delirio de la interpretación paranoica". Ese icónico surrealista se completa con piezas mayores muy poco vistas en Francia como 'Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la Guerra Civil)' (1936) que viene del Philadelphia Museum of Art, 'Metamorfosis de Narciso' (1937), que llega de la Tate Modern londinense o 'La persistencia de la memoria' (1931), cedida por el MoMA (Nueva York). Con sus característicos relojes blandos, cuya idea le vendría después de comer un pastel, esta obra comparte pared con un remedo de sábana santa, creado dos años antes, que anuncia: "A veces escupo por puro placer sobre el retrato de mi madre" y se completa con la silueta de una imagen religiosa y el dibujo de un corazón de Jesús.

El montaje ya que provoca largas colas desde el primer día, ya que los visitantes pueden sentarse en el sofá y sacarse fotos usando el espejo. Así pasan de espectadores a actores inmersos por su propia voluntad en el universo onírico del artista. La recta final del recorrido se completa con una colección de vídeos inenarrables en español y francés donde Dalí sienta cátedra sobre los temas más peregrinos, así como documentales de sus lisérgicos 'happenings' en la Costa Brava y un pasillo laberíntico que desvela el cerebro del artista, a través de libros, manuscritos o aquella portda que le dedicó la revista 'Time' en 1936. "Soy como Leonardo, quiero saberlo todo y ponerlo todo en relación", se justifica el creador desde un panel. "Reclamo una vida más allá de la persistencia de la memoria. Quiero renunciar a las beatitudes eternas a cambio de acordarme de todo".

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