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El último empujón de Chávez

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JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE |  EL UNIVERSAL
martes 16 de abril de 2013  12:00 AM
Sentarse el día de las elecciones presidenciales, es  decir, un domingo, frente al televisor para ver y  escuchar  a la presidenta del Consejo Nacional Electoral leyendo los resultados  de los comicios de esa jornada, es un ritual casi obligatorio, que algunos tratan de evadir acostándose más temprano, generalmente con la ayuda de un somnífero.   Es un ritual que dura poco, apenas unos minutos, pero cuya espera siempre se hace larga, muy larga y que le crispa los nervios a muchos venezolanos. Algo muy difícil de entender si, como afirma el propio CNE, el sistema electoral  venezolano es el más tecnificado y eficiente del mundo.

Este domingo no fue diferente y una vez más, el desenlace tampoco lo fue. Luego de un prolongado mutismo de varias horas, que se fue convirtiendo en secretismo, más tarde en misterio y posteriormente en consternación popular, con su habitual parsimonia hizo su aparición, finalmente, la Rectora  principal del CNE, Tibisay Lucena,  quien le machacó nuevamente a los expectantes venezolanos, con un único boletín, definitivo, dada su tendencia irreversible, los resultados, primero de Maduro, siempre se  leen primero los del candidato ganador, y después los de Capriles, con lo cual aquél resultaba electo Presidente. Así  de simple y de sencillo. Pero en esta ocasión, la rutina tuvo algún sobresalto. Por primera vez en años, los partidos de la oposición compendiados en la Mesa de la Unidad Democrática, salieron de ese silencio  que solía preceder a la aparición de la señora Lucena y hablaron a través de los medios, dando a entender que la información que tenían era favorable a su candidato y que no aceptarían, en el conteo final, un voto menos de los que les correspondía. Calma y tensión,  las dos al mismo tiempo, se mezclaron en el ambiente. Impotencia y frustración en un bando, y el triunfalismo de siempre, en el otro. Al final nada cambió y como si de un guión sempiterno del CNE se tratase, la historia volvió a repetirse.

Después  de catorce años de mandato de Chávez, para el nuevo Presidente,  el primero del periodo post Chávez que se inicia a partir de ahora, el reto a enfrentar es inconmensurable. No solo en lo económico y en lo social, donde se presagian escenarios muy difíciles de manejar, sino también en lo político, donde las palabras "pueblo" y "mayoría" dejaron de pertenecer al léxico exclusivo del chavismo Una Venezuela, donde necesariamente la oposición que quedó representada en estas elecciones por prácticamente un 50% de los venezolanos, tiene que ser tomada en cuenta y donde la escasa diferencia de doscientos mil votos escrutada por el CNE, sin que se conozcan los resultados del exterior, es apenas una divergencia técnica, más que una victoria electoral.

Resulta impensable que se pretenda mantener el modelo de país que hemos tenido hasta ahora, sobre la base de una  discrepancia de votos tan pequeña, ni pretender erigirse en Presidente, nada menos que en  el sucesor de Chávez, sin tener conciencia de aquella situación. Sin embargo, las palabras de Maduro inmediatamente después de conocidos los resultados del CNE, distan mucho del reconocimiento de esta realidad, pues lejos de hacer un llamado a la concordia, siguen estableciendo divisiones entre los venezolanos; unas palabras, por cierto,  llenas de soberbia, que parecían más  propias de un candidato  electo por una avalancha de votos, que de uno que será puesto en duda hasta el final de su mandato.

El  de Maduro, fue  el último empujón de Chávez a un candidato; pese a ello y  aunque Maduro sea el Presidente, pareciera que el postrero aliento de Chávez se fue en el esfuerzo,  y que de ahora en adelante su recuerdo y la invocación de su memoria,  ya  no serán suficientes para hacer política en Venezuela.

Xlmlf1@gmail.com

 

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