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La incontinencia urinaria

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La necesidad urgente de orinar y la inhabilidad de controlar esos deseos, pone en verdaderos aprietos y situaciones difíciles a muchas personas. Pero muy pocas lo admiten públicamente. Especialmente por temor a la burla, tabúes sociales y desconocimiento.

Y es que ese escape involuntario o pérdida del control de la vejiga, que se conoce como incontinencia urinaria, puede afectar significativamente la calidad de vida de una persona. Lo peor de todo es que a veces no buscan ayuda porque les avergüenza admitir que padecen la afección.

Sin embargo, ese panorama ha ido cambiando en los últimos años, a juicio del urólogo Francisco Capó, jefe de la sección de urología del Hospital Pavía y profesor Ad Honorem de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas.

“Últimamente ha habido más información y anuncios (sobre incontinencia) que han ayudado a la gente a expresar por lo que están pasando y a buscar ayuda. Es una situación muy incómoda, en que la persona huele mal y muchas veces ni sale de su casa (por el temor de que le pase en público)”, sostiene Capó, tras resaltar que hoy día hay tratamiento efectivo para más del 90% de las condiciones que pueden causar incontinencia urinaria.

No fue así para Raquel, una asistente administrativa quien acepta que, a los 45 años, empezó a notar que tenía ese problema pero prefirió guardar silencio por temor a las burlas.

“Esa primera vez no alcancé a llegar al baño y aunque nadie lo vio, me sentí muy avergonzada”, agrega. Según dice, por lo ajetreado de su trabajo se había acostumbrado a contener los deseos de orinar y se “mentalizaba” para resistir y así adelantar labores. Así que pensó que el “goteo” inicial, se debía a eso. Pero con el tiempo, dice que comenzó a tener mayores dificultades.

“A veces corría pero aún así no llegaba a tiempo. Era una situación muy frustrante que me afectaba mucho porque sentir que te mojas y que no lo puedes evitar causa mucha ansiedad. Al punto que evitaba salir a actividades por temor a que no me diera tiempo a llegar a un baño o por la vergüenza de que los demás sintieran el olor a orina”, acepta la mujer, quien finalmente buscó ayuda médica y descubrió que había formas de controlar su afección que, en su caso, se debía a una vejiga hiperactiva, un trastorno que se caracteriza por el deseo repentino de orinar, así como por la frecuencia o urgencia.

Trastorno común

Raquel no está sola. Y aunque no existe un perfil definido del paciente de incontinencia, se sabe que afecta en mayor proporción a la población femenina, así como a las personas de edad avanzada.

Por ejemplo, se estima que una de cada tres mujeres padece de vejiga hiperactiva, mientras que en algunos hombres el trastorno puede estar relacionado con problemas de próstata.

“La incontinencia urinaria puede ocurrir hasta en un 20% de la población pero es más común entre las mujeres”, agrega la ginecóloga Susana Schwarz, catedrática del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Recinto de Ciencias Médicas.

Pero la especialista destaca que, además de lo que se conoce como vejiga hiperactiva, hay otras causas de incontinencia urinaria. Entre ellas, la que ocurre debido al debilitamiento o relajación de los músculos y que se manifiesta, generalmente, cuando se hace un esfuerzo, al reír enérgicamente, al estornudar o haciendo ejercicios.

Afecta especialmente a mujeres que han sufrido un parto vaginal, indica Schwarz, o como consecuencia de cambios hormonales después de la menopausia. Ocasionalmente también afecta a los hombres, pero como resultado de una operación de la próstata, agrega la ginecóloga.

El doctor Capó también menciona causas relacionadas a problemas anatómicos o debido a cirugías previas que provocan daños a los nervios del área. Además de enfermedades como el Parkinson, problemas neurológicos o espinales, así como paraplegias que pueden provocar incontinencia urinaria

Cabe resaltar, sin embargo, que lo más importante para un tratamiento efectivo es una buena evaluación médica, enfatiza Capó. Según recomienda el médico, se debe hacer un estudio urodinámico, para evaluar cómo funciona el aparato urinario inferior (vejiga y uretra) así como la capacidad vesical (qué volumen de líquido puede albergar) y acomodación (elasticidad) de la vejiga. Además de placas de la vejiga, un estudio de la función del esfínter y una citoscopía (para evaluar vejiga).

“Esa evaluación la hace el urólogo y es muy importante para que el paciente reciba el tratamiento de acuerdo a la causa de su incontinencia”, destaca Capó, mientras resalta que muchas veces el paciente sufre innecesariamente porque no se le hizo una evaluación y un diagnóstico correcto.

Aspecto psicológico

De hecho, el problema mayor estriba cuando no se busca tratamiento. Más que nada, porque el miedo, la ansiedad y la vergüenza son factores comunes en las vidas de las personas que sufren de incontinencia.

“Son condiciones médicas que también tienen implicaciones psicosociales y de calidad de vida”, señala el doctor José Pando, psicólogo clínico, educador y terapeuta sexual certificado. Agrega que los elementos de control urinarios se asocian mucho con elementos del desarrollo. Por ejemplo, a los niños se les entrena para que no se orinen encima. Por eso a los adultos se les hace difícil aceptar el trastorno porque, socialmente, se tiende a ver como una falta de control y de madurez.

Para complicar más las cosas, vivimos en una sociedad donde somos un poco crueles en nuestras evaluaciones, afirma Pando. Por eso se oyen expresiones como “los viejos se mean encima, babean, se les derrama todo, ¡son como niños chiquitos!”. Y el resultado, agrega el terapeuta, es que la situación se sigue ocultando y se queda en el anonimato, hasta que se hace totalmente ineludible.

“Todo esto provoca mucha ansiedad, frustración y definitivamente, depresión”, agrega Pando.

En ese sentido, la ansiedad de qué puede pasar si no encuentra un baño a tiempo, la preocupación de si no le da tiempo a llegar y se orina encima, el temor de que los demás se den cuenta y se burlen, definitivamente inciden en la calidad de vida de la persona y, a largo plazo, tiene otros efectos en el estado mental y emocional de la persona.

Pesario vaginal

Un pesario vaginal es un dispositivo de silicón que el ginecólogo coloca dentro de la vagina de una mujer para ayudar a dar apoyo a la matriz, vagina, vejiga o recto.

Mayormente, se usa para el tratamiento de descenso uterino. Esto significa que el útero o matriz desciende dentro del canal vaginal por el debilitamiento de los músculos y ligamentos que lo debieran sostener. Por ejemplo, esto puede ocurrir después de parir o de una cirugía de la pelvis.

El pesario vaginal puede ser una alternativa no quirúrgica para ayudar en la incontinencia urinaria”, indica la doctora Susana Schwarz.

El dispositivo también puede ser útil a mujeres que tienen incontinencia urinaria por esfuerzo (cuando la orina se escapa al toser, hacer esfuerzo o hacer ejercicio de impacto). Algunas mujeres embarazadas que tienen incontinencia también lo pueden usar.

Algunas causas

• Por esfuerzo; se pierden pequeñas cantidades de orina durante el movimiento físico (toser, estornudar, hacer ejercicio). Es el tipo más común entre las mujeres. Puede ser tratada.

• Incontinencia de urgencia; perder grandes cantidades de orina en momentos imprevistos, tales como al dormir, luego de beber una pequeña cantidad de agua, o cuando toca el agua o la escucha correr (como al lavar los platos).

• Funcional; cuando no eres capaz de llegar al baño a tiempo debido a una discapacidad física, enfermedad y obstáculos, o problemas para pensar o comunicarse que impiden llegar al baño.

• Por rebosamiento; se pierden pequeñas cantidades de orina porque la vejiga está siempre llena debido a que nunca se vacía por completo. No es frecuente en las mujeres.

• Incontinencia mixta; hay una combinación de tipos de incontinencia. Generalmente la de esfuerzo y la de urgencia suceden juntas.

Terapias y tratamientos

La terapia InterStim utiliza impulsos eléctricos suaves para estimular el nervio sacro situado próximo al cóccix, en la parte inferior de la espalda. Este nervio controla la vejiga y los músculos que participan en la función urinaria.

Es útil para ciertos pacientes, que no han respondido a otras terapias, debido a que la estimulación de ese nervio es capaz de aliviar los síntomas de la incontinencia de urgencia y los síntomas significativos de la urgencia-frecuencia y de la retención urinaria.

En el mercado también existe una gama de medicamentos -transtermales (parchos para la piel), por boca o intravesicales (que se insertan en la vejiga)- que ayudan a controlar efectivamente los síntomas.

Sin embargo, en el tratamiento también se debe incluir la modificación de conducta, recomienda la ginecóloga Susana Schwarz, quien destaca que ésta va dirigida a que el paciente aprenda a contraer su vejiga cuando tiene episodios de urgencia para que los vaya retrasando y que no sean tan frecuentes.

Esta modificación también debe incluir, aconseja la ginecóloga, ejercicios para fortalecer los músculos del suelo pélvico. Se trata de los ejercicios de Kegel, recomendados para mejorar la tonicidad y el soporte de los músculos, lo que contribuye a la prevención de la incontinencia urinaria.

Las inyecciones de Botox también se utilizan en pacientes que no han respondido positivamente a otros tratamientos. La toxina botulínica, que interfiere con las señales nerviosas en los músculos y los paraliza, en cierto grado elimina o controla los espasmos que producen los síntomas de la vejiga hiperactiva.

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