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Inmensa despedida al ídolo popular que cambió la música

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 TAGS:undefinedEmoción y tributo al alma de Soda Stereo Con aplausos, lágrimas y una lluvia de flores, la multitud acompañó el cortejo hacia la Chacarita. Durante el recorrido, se entonaron sus canciones y hubo un homenaje conmovedor en cada esquina.

El nudo en la garganta, la mirada humedecida, el aplauso y el grito, multiplicado por miles y miles. Así se despide a un ídolo popular. Ayer, Buenos Aires le rindió homenaje a uno de sus grandes referentes artísticos y hasta el cielo porteño amaneció llorando. Gustavo Cerati, el motor y el alma de Soda Stereo, el que siguió alimentando con himnos eternos el cancionero argentino también como solista, con su estirpe elegante y vanguardista, el padre de Benito y Lisa, el hijo de Lilian Clark y Juan José Cerati, el de las “Gracias totales” ante un estadio de River repleto, el que cantó para 200 mil personas en la 9 de Julio, el que abrió el camino latino para tantas bandas de rock nacional, el que sufrió un ACV arriba de un escenario y pasó cuatro años en coma, ayer, apagó su corazón para siempre. Y lo que se vivió en la calle fue conmovedor.

La ceremonia del adiós ya había comenzado desde la noche anterior, en la Legislatura Porteña, donde sus restos fueron velados, y duró toda la mañana hasta el mediodía, cuando la familia pidió un pequeño momento de privacidad para hacer su luto. Habían pasado miles de personas haciendo hasta 20 cuadras de cola para despedirlo. Cada uno a su manera, como ese joven que, a modo de serenata, pasó la mañana cantando sus temas para celebrar su vida y obra. Un gesto que la madre del artista agradeció desde el balcón.

Así, en medio de una multitud que mezclaba fanáticos de todo el continente con curiosos de paso, más los oficinistas que trabajan cotidianamente en la zona de Plaza de Mayo, partió el cortejo fúnebre rumbo al cementerio de la Chacarita al mediodía. Llovían rosas sobre la caravana, decorada con coronas de artistas de todo el mundo: Alejandro Sanz, Cristian Castro o Fito Páez, por mencionar algunos. La fila de autos la encabezaba su madre, e iba escoltada por el Chevrolet Bel Air celeste que el músico usó en el video de “Crimen”. Los custodiaba un cardumen de motoqueros que avanzaban haciendo sonar sus bocinas. Ya no llovía, y lo que se vio en ese recorrido, quedará para la historia.

En cada esquina, asomados en los balcones, señoras lagrimeando en la parada del colectivo, hombres de manos engrasadas poniendo una pausa en los talleres para aplaudir la caravana, fanáticos con carteles, estudiantes saliendo de las facultades, empleados de negocios y farmacias abandonando sus puestos, enfermeros de hospitales o chicos en sus uniformes escolares. Todos abrazados a un mismo dolor. Desde Avenida de Mayo hasta Pellegrini, y todo el recorrido por Córdoba hasta llegar a Colegiales.

Los restos del músico descansarán en el silencio del cementerio de la Chacarita. Hasta allí, también llegaron sus admiradores y amigos. Juanchi tiene 37 años, y llegó junto a su padre a despedirlo. “Es un vacío que me asusta, se fue el Flaco, se fue Mercedes, y Gustavo es un pilar, un genio. Me hizo llorar ver gente de todas las edades despidiéndolo”. Su padre es Juan José Quaranta, que trabajó en iluminación junto a Soda Stereo: “Gustavo le dio un empujón continental a la música nacional como ningún otro, e instaló la masividad del público. Fue inigualable”, comenta en la mañana de color gris funeral.

Gonzalo tiene una banda tributo, Stereotipos -nombre inicial de Soda Stereo-, y tiene aquel look también. “Su agonía fue una forma de prepararnos, y aún así estamos partidos. Siempre íbamos a la clínica a cantarle a Gustavo, un día su mamá me dio su guitarra suya para que le cante, fue el recital de mi vida”, recuerda acongojado. Wady Rodríguez también trabajó junto a Soda del 91 al 97, y ya explotaba: “Cuando salíamos de gira por Latinoamérica, era como viajar con la Selección Nacional”, recuerda.

Una vez finalizado el funeral, Fernando Ruiz Díaz, cantante de Catupecu Machu, no podía ocultar su tristeza ni detrás de unos lentes oscuros. “Hay un amplio paralelismo entre lo que le pasó a Gustavo y su familia, con lo que le pasó a Gabriel y mi familia. Yo siento que es inmortal, y los inmortales no mueren, trascienden. Los seres humanos buscamos evolucionar, todos buscamos amor y afecto, y hay algunos que hacen cosas brillantes y hacen que esto sea mucho más lindo”, dijo en la despedida.

 

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