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José Antonio Dávila: "Yo creo que no pintaría al país de hoy"

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"Pienso que más bien muchos artistas se han autoexcluidos por razones políticas y por un odio irracional. En el Museo de Arte Contemporáneo yo no tenía categoría para exponer. No me consideraban", señala el Premio Nacional de Artes Plásticas 2010-2012.

 

La primera vez que José Antonio Dávila (Nueva York, 1935) pensó que sería reconocido con el Premio Nacional de Artes Plásticas tenía 16 años. Corría el año 1951. El joven pintor izquierdista presentó por primera vez una obra en el XII Salón Oficial Anual de Arte Venezolano en el Museo de Bellas Artes. Pero fue en 1961, cuando envió la obra La calera, que logró contra todo pronóstico conquistar al jurado. 

Sin embargo, tan solo tenía 26 años. Por eso el jurado decide otorgarle el Premio Nacional de Pintura a Ángel Hurtado. "Se inclinaron por el otro artista, que estaba en consideración por ser mayor que yo, y a mí me dieron una mención, como una promesa de que yo podría tener más oportunidad", recuerda José Antonio Dávila. 

La oportunidad llegó casi 50 años después. Postulado por la Asociación de Artistas Plásticos de Venezuela y por el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), el jurado del Premio Nacional de Artes Plásticas 2010-2012 decidió otorgarle el reconocimiento al maestro Dávila. La promesa se cumplió. 

-¿Cómo reaccionó cuando se entero del premio? 

-Sabía que me estaban postulando, pero no pensé que lo iba a ganar. Para mí, esta era una vez más. No tomé en cuenta la postulación. Considero que algunos artistas que han ganado en el Premio Nacional en distintas épocas realmente no lo merecían tanto. Y al revés, hay muchos que lo merecen que no lo han ganado. La calidad artística de los que no lo han ganado es la misma. Es una cuestión de azar y de oportunidades. 

-¿Cree que los premios que ha entregado este gobierno están politizados? 

-Francamente, no lo sé. Desde que comencé a participar en los salones oficiales jamás hubo una intervención de tipo político en las decisiones. Todo estaba en manos de instituciones como la Sociedad de Amigos del Museo de Bellas Artes y la Dirección de Arte del Ministerio de Educación. Ellos nombraban a los jurados. Todo el mundo podía enviar obras y el jurado de admisión seleccionaba. El jurado estaba compuesto por personas eminentes como Carlos Raúl Villanueva, Alejo Carpentier, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri o Manuel Cabré. Era un jurado calificado intelectualmente. 

-¿Cuál es el diagnóstico que hace hoy de los museos? 

-Los que yo he visitado, los he visto muy bien. El Museo de Bellas Artes, que lo llegué a ver bastante deteriorado hace unos años, ahora está muy renovado. Los jardines están muy bellos, tienen una actividad frenética de público y exposiciones. Igual que la Galería de Arte Nacional. La última vez que fui al Museo de Arte Contemporáneo estaba el Salón Pirelli. 

-Hace algunos años... 

-Bueno, hace como seis años, más o menos. Después volví y estaba la exposición de la colección del museo en todas las salas. Eso era una cosa maravillosa. Por la crisis eléctrica había poca iluminación. Me dijeron que eso había sido superado. He visto muy bien al Museo Alejandro Otero y me encanta como tienen el Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz- Diez. Me complace mucho todo esto. 

-El apoyo a los artistas plásticos en este gobierno ha mermado. Afirman que han sido excluidos por razones políticas. ¿Qué opina usted? 

-Cada quien debe opinar por su propia experiencia. Pienso que más bien muchos artistas se han autoexcluido por razones políticas y por un odio irracional, que no tiene nada que ver. En mi juventud estuve en una lucha política ardua. Pero jamás sentí odio ni contra Pérez Jiménez o Rómulo Betancourt. Estábamos en una lucha armada. Pero no había nada que fuera de tipo irracional. Ahora en ambas partes se está dando eso. Es muy peligroso porque eso fue lo que llevó a España a la Guerra Civil. 

-¿El museo es elitesco? 

-Sí, lo fue. Ahí solamente podían exponer personas que las autoridades, la Dirección del Museo y la Sociedad de Amigos del Museo de Bellas Artes, y quizás las de otros museos, estaban de acuerdo. Sé que en el Museo de Arte Contemporáneo yo no tenía categoría para exponer. No me consideraban. En cambio, otros artistas como (Pedro León) Zapata sí exponían Desde que se fundó el museo, él tuvo ese espacio disponible todo el tiempo. Eso creó mucho resentimiento en los pintores, en mí no, porque nunca tuve intensión de exponer en el MACC. 

-¿Se debe pensar en masificar a los museos? 

-No, ahí no puede entrar todo el mundo. Eso es una gran selección, pero tiene que ser con más amplitud y no partir de los criterios del director del momento en el museo. No se debe excluir. Por ejemplo, en la exposición del Museo de Bellas Artes de Arte Político está todo el mundo. 

-Se inició en el realismo social. ¿Cómo plasmaría hoy la realidad venezolana? 

-Creo que es exactamente lo mismo. A mí me motivaba mucho la vida de los barrios, que en realidad no eran como los de hoy en día. En ese sentido, la realidad agonizó con los tiempos. Comencé a pintar eso a principios de los años 50, cuando Caracas todavía no tenía un millón de habitantes. 

-¿Pintaría hoy al país? 

-No, creo que no lo pintaría porque ya no estoy motivado. Esa fue mi primera experiencia con el arte urbano, con lo que me rodeaba y el mundo político. Yo milité en la izquierda en ese momento. Estuve en dos ocasiones preso, y salía de las cárceles más motivado a pintar los temas que había visto. 

-¿Sigue en la izquierda? 

-La última vez que tuve militancia en la política fue cuando estuve en Mérida como director del Centro Experimental de Arte. Cuando salí dejé de militar. Más nunca tuve militancia política. Uno siempre es una persona política, porque tienes que tener posición. 

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