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José Stalin, los vicios del poder

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JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ |  EL UNIVERSAL
martes 2 de abril de 2013  12:00 AM
En febrero del año 1956, el primer secretario del Partido Comunista y presidente del consejo de ministros soviético, Nikita Kruschev, se refirió en un informe secreto presentado al XX Congreso de la agrupación a su antecesor José Stalin, señalando lo siguiente: "Cuando analizamos las prácticas de Stalin en cuanto a la conducción del partido y la nación, cuando nos detenemos a considerar cualquier acto de Stalin, debemos convencernos de que los temores de Lenin estaban justificados. Las características negativas de Stalin, (...) se transformaron durante los últimos años en un grave abuso de poder que causó indecible daño a nuestro partido (...) Stalin no actuó mediante la persuasión, la explicación y la cooperación paciente con las personas, sino imponiendo sus conceptos y exigiendo obediencia absoluta a su opinión. Quien se oponía a ello, o procuraba probar su punto de vista y la exactitud de su posición, quedaba sentenciado a la exclusión del mando colectivo y a la correspondiente aniquilación moral y física (...)".

Reconocía así oficialmente uno de los episodios más oscuros de la vida soviética y de la historia de los regímenes autoritarios fundados en la hegemonía política, el aniquilamiento de la disidencia, el sometimiento de unos sobre otros, pero sin resolver en definitiva esos vicios. Rusia y otros países sojuzgados de la otrora Unión Soviética, le imputan sin contradicción al dictador Stalin y a su régimen, el haber ordenado persecuciones, fusilamientos, la ejecución de trabajos forzados, la eliminación de sus adversarios políticos, haber procurado la hambruna de millones de campesinos y el confinamiento en los "gulac" siberianos de miles de personas.

"El estalinismo -señala Alberto Amato- fue y es el deseo de ejercer el poder absoluto y de eternizarse en él, no importa el costo; el desarrollo fecundo del culto a la personalidad del líder; la infalibilidad dada a su palabra por los amanuenses de turno, imprescindibles en el estalinismo cultural; la eliminación cívica, y si es necesario física, de los adversarios políticos; la búsqueda constante de un enemigo interno, o de varios, que justifiquen esa entronización de la paranoia política; el terror generalizado, el miedo inducido, la represión institucionalizada y una vocación permanente por modificar la historia según convenga a los intereses del poder".


Por otra parte, la doctrina de Stalin expuesta en una conferencia titulada "Sobre los Fundamentos del Leninismo", dictada por el dirigente comunista en el  año 1924, consideraba al partido no solamente como una vanguardia sino como "la suma de sus organizaciones", "un sistema único", una "forma superior de organización", el "instrumento de la dictadura del proletariado", opuesta obviamente a otras entidades sin partido y a "la libertad de existencia de facciones", vale decir, otras formas sociales y políticas distintas y divergentes. Sostenía un concepto de progresiva imposición ideológica y organizativa, incapaz de convivir con otras asociaciones y cuestionadora del "liberalismo" de otros partidos, ya que el objetivo era alcanzar la dictadura del proletariado, ejerciendo un poder central, sostenido con organización y disciplina, enfrentados a los "agentes de la burguesía" y a las denuncias de "burocratismo" y "formalismo" formuladas por sus adversarios.

No obstante el rigor de su dominación y haberse jerarquizado como el segundo de Lenin, no faltarían las críticas provenientes en algunos casos de miembros incluso prominentes del partido.

"¡Camaradas! Debemos abolir el culto del individuo decisivamente, de una vez por todas..." -amonestó Kruschev e indicaba: "(...) para ello es necesario (...) seguir la norma bolchevique, condenar y desarraigar el culto al individuo como ajeno al marxismo-leninismo y opuesto a los principios del mando del partido y sus normas de vida, y luchar inexorablemente contra todo intento de volver a implantar esta práctica en una forma u otra (...)".

Si bien la actuación de Stalin fue decisiva en la derrota de Hitler y del nazismo en la II Guerra Mundial, ambos representaron extremos de posturas y de actuación política que a la postre no pudieron subsistir, ante la exigencia de libertades, de soberanías nacionales y de conducta democrática, que 30 años después del fallecimiento del líder se concretó en la URSS, inviable ya el sistema comunista como sistema político, económico y militar, al surgir la "perestroika" y el "glásnost" como formas de apertura de una sociedad agotada y que exigía cambios democráticos.

Se han cumplido 60 de la muerte de Stalin, personaje ya sujeto al juicio de la historia que tiende a ser unánime en cuanto a sus defectos y virtudes, luego del riguroso análisis crítico de las generaciones, que resulta imprescindible, como deben hacerlo las sociedades racionales y civilizadas en el mundo moderno.  

Jfd599@gmail.com
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