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LARA: LA HISTORIA DE UNA FAMILIA QUE PONE SU FE EN CADA PAN QUE ELABORA

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La levadura hace crecer el pan y, en el caso del negocio de los Mendoza, una humilde familia de Barrio Unión, la fe en Dios pudo levantar una empresa que no sólo sirve de sustento a su hogar, sino a otros vecinos que ahora tienen empleo en la panificadora Pan Criollo, del popular sector.
María Mendoza y Víctor Mendoza, madre e hijo, son ejemplo de superación, de esas personas sencillas que ganan la vida dignamente en las comunidades barquisimetanas.
Empezaron a hacer sus primeros panes en una casa, nada comparada a las modernas cocinas industriales, pero afortunados de contar con el don de amasar y dar el gusto a esos pancitos dulces que, probablemente, usted se ha llevado a la boca.
De un par de conocidos que revendían sus panes, ahora tienen numerosos distribuidores que a la vez ganan lo necesario para el sustento de los suyos. Azucarados, de guayaba, arequipe, de tunja, rellenos de queso, entre muchas otras presentaciones, atraen a la fiel clientela.

En la unión está la fuerza
A las 5.00 de la mañana, arranca la jornada al encender el horno. Son un equipo de vecinos, más que hermanos por el largo tiempo trabajando juntos:
“En la casita donde empezamos a preparar los panes, le pedía a Dios que prosperara el negocio para ayudar a mi hijo, a la familia y a los muchachos de la comunidad. Dios me escuchó”, dijo la señora María Mendoza.
Hoy celebran el nuevo local que inaugurarán en los próximos días, ubicado frente al actual establecimiento, en la carrera dos, entre calles 18 y 19 de Barrio Unión, perteneciente a la parroquia que lleva el mismo nombre.
El número de empleados ha crecido, al igual que la cantidad de pedidos, por esa razón, se trazaron la meta de contar con un espacio más amplio.
Semana a semana, destinaban parte de las ganancias para reunir lo necesario y así comprar los materiales de construcción. Cada uno, organizados por turnos, ayudó en la realización de la obra: falta poco para abrir las santamarías y fortalecer la buena atención.
Es un sueño hecho realidad, claro testimonio para quienes intentan dar un paso adelante. “Hay quienes se agobian porque pierden un empleo, si el negocio les va mal, pero ante esas situaciones, además de encomendarse a Dios, es sacar la fuerza de uno mismo: perseverar hasta el final”, compartió la humilde dama al frente de la panificadora.
Desde muy jóvenes, hasta personas de la tercera edad, colaboran en la elaboración de los panes. Es una especie de escuela de formación para quienes habitan en la zona.

La mejores catalinas
En la comunidad Rafael Linárez, parroquia Juan de Villegas, Josefina Morillo, tiene su pequeña empresa de catalinas.
Detrás de la capilla católica del popular sector, se encuentra la vivienda donde el olor a papelón alegra a los residentes de la zona. Gracias a la constancia que pone en su humilde negocio, donde trabaja con su esposo, logra culminar los estudios de la etapa diversificada y de educación superior de sus hijas. Se trata de otro grupo familiar digno de imitar por su sencillez y espíritu emprendedor.
Para mayor información comuníquese al teléfono local 0251-2669054.

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