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Libia cumple un año sin Muamar Gadafi

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Libia, un país pendiente

 

El país norteafricano vive una lenta transición hacia instituciones que aún son muy débiles.

El mundo aún recuerda el rostro ensangrentado del dictador libio Muamar Gadafi. No era claro si esa primera imagen, que hace un año se reprodujo en segundos a nivel global, mostraba a un hombre ya muerto o solo golpeado. Su ejecución el 20 de octubre, a manos de rebeldes, y posterior entierro en un lugar cualquiera del desierto, marcó el fin de una Libia y el comienzo de una nueva.

Pero la nueva Libia, la que emergió tras 42 años bajo el puño de Gadafi, tiene tareas pendientes; entre ellas, unificar a las fuerzas armadas, crear un gobierno y desmovilizar a las milicias que fueron los 'héroes de la revolución' y ahora son un grupo sin control.

Jason Pack, director del portal Libya-Analysis e historiador de la Universidad de Oxford, estuvo en ese país cuando atravesaba por la euforia de la primavera árabe.

"Tristemente, hoy mucho de ese optimismo se ha desvanecido porque se ha confrontado con la realidad", dice a EL TIEMPO desde Londres. Para él, si el país norteafricano no acelera una transición efectiva está en riesgo de convertirse en un Estado fallido.

El desafío más grande del país son los actores paraestatales, como las milicias, las cuales son más fuertes que el gobierno central. Estos grupos "están inmersos en la cultura popular; tienen sus partidos políticos e incluso sus propias estaciones de televisión satelital. Si el gobierno central libio no actúa, después será algo imposible de controlar", explica Pack.

Si bien el gobierno ya ordenó el desarme de todas las milicias, para muchos analistas es un trabajo incompleto si estas no se incorporan al ejército y a la policía, instituciones aún en construcción.

Sami Zaptia, editor del Libya Herald, le dijo a EL TIEMPO que "necesitamos escribir una constitución y sanar las tensiones entre los exsimpatizantes de Gadafi y el resto del país. Queremos una reconciliación nacional. Con el tiempo tenemos que crear nuestra versión de democracia".

Aunque sería utópico reparar en doce meses los vacíos que quedaron tras cuatro décadas de dictadura, en las que no se consolidaron instituciones, las elecciones del pasado 7 de julio para elegir al Congreso fueron el primer gran hito de un Estado que había que armar casi de cero.

Sin embargo, la ilusión de la nueva Libia encontró un duro traspié con la muerte, el pasado 11 de septiembre, del embajador estadounidense Christopher Stevens y tres de sus compatriotas en medio de un levantamiento contra la sede diplomática en Bengasi.

En medio de las confusas circunstancias, Washington culpó al grupo islámico Ansar al Sharia, y el mundo teme que Libia se esté radicalizando.

"Los yihadistas y demás grupos radicales son pequeños -aclara Pack-. Solo pueden tomar ventaja teniendo en cuenta que no hay autoridad política".

El tema de justicia es también otro pendiente para esta Libia post-Gadafi. Según el informe de Human Rights Watch, 'Muerte de un dictador: venganza sangrienta en Sirte', "las milicias de la oposición ejecutaron sumariamente al menos a 66 miembros del convoy de Gadafi". Todas estas muertes están cubiertas por un manto de impunidad.

Aunque muchos hubieran preferido juzgar a Gadafi en lugar de su hijo, Saif al Islam (preso en Libia), está por verse si este puede tener un proceso justo dentro de su país, que se niega a extraditarlo a La Haya, como lo pide la Corte Penal Internacional.

Ponerse de acuerdo sobre este y temas más gruesos no será fácil. El pasado primer ministro Mustafá Abu Shagur fracasó dos veces en menos de dos meses para que el Parlamento aprobara su gabinete. El Congreso eligió entonces a Alí Zidan como nuevo jefe de Estado.

En todo caso, expertos coinciden en que no es de un solo hombre la tarea de enterrar el vacío de poder que hoy sufre Libia.

Hijo menor de Gadafi murió este sábado

Jamis, el hijo menor del Muamar Gadafi, murió ayer en Bani Walid, al sureste de la capital libia. El cadáver de Jamis, líder de una de las brigadas de élite más temidas del antiguo régimen, llegó ayer al hospital de Misrata, a donde hace un año fue trasladado el cadáver de su padre, asesinado tras ser capturado por milicianos en Sirte.

En un mensaje por televisión, el portavoz del Parlamento libio, Omar Humeidan, explicó que Jamis resultó herido en un enfrentamiento con fuerzas del gobierno y falleció cuando era trasladado a un hospital.

Los combates en Bani Walid, que fue bastión del régimen de Gadafi, dejaron ayer al menos 26 muertos y más de 200 heridos.

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