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Lino Oviedo, liquidador de la dictadura de Stroessner

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El general retirado y candidato a la Presidencia de Paraguay Lino Oviedo (Juan de Mena, Paraguay, 1943) falleció ayer a los 69 años al estrellarse en la provincia paraguaya del Chaco el helicóptero en el que regresaba de un mitin electoral. El presidente de la nación, Federico Franco, expresó su pésame “por uno de los héroes militares” de la “gesta libertaria del 2 y 3 de febrero de 1989”, en alusión al golpe de Estado que, hizo ayer 24 años, acabó con las más de tres décadas de siniestra dictadura de Alfredo Stroessner.

Oviedo fue una de las figuras más controvertidas de la escena política paraguaya: condenado, exiliado y rehabilitado, en los últimos años lideró el tercer partido político de Paraguay. En breve iba a reintentar su sueño de alcanzar la presidencia paraguaya al frente de la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE), con la que obtuvo el 21,89% de los votos en las presidenciales de abril de 2008, que ganó Fernando Lugo.

Lino César Oviedo Silva se formó como militar en Alemania y era coronel cuando forzó la rendición de Stroessner, al que amenazó con una granada y una pistola. Ascendido en 1993 a la comandancia del Ejército, en abril de 1996 se declaró en rebeldía contra el entonces presidente, Juan Carlos Wasmosy, antiguo socio suyo en el Partido Colorado, que le encarceló y procesó por sedición.

Comenzó entonces una década de causas judiciales, exilio, desapariciones y periodos de cárcel durante la que promovió su figura política al frente de la UNACE, originalmente una corriente dentro del Partido Colorado. En 1998 el Gobierno de Wasmosy le condenó a 10 años por insubordinación, lo que supuso su inmediata inhabilitación política y baja en el Ejército. Raúl Cubas, el candidato que le sustituyó en la UNACE, ganó las elecciones de mayo de 1998 y le rehabilitó, aunque meses después la Corte Suprema anuló el decreto de Cubas y ordenó que Oviedo reingresara en la cárcel.

El 23 de marzo de 1999, la democracia paraguaya atravesó sus peores horas desde la caída de Stroessner: el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, acérrimo enemigo de Oviedo, cuando promovía un “juicio político” para la destitución del presidente Cubas desencadenó violentas protestas.

Oviedo fue acusado de instigar estos sucesos, pero logró huir —antes de que Cubas presentara su dimisión— con destino a la Argentina de Carlos Menem, que le ofreció asilo político.

De nuevo el héroe se convirtió en villano: expulsado del partido, hubo quien vio su sombra tras el asesinato de Argaña y el Gobierno pidió su extradición a Argentina, que la denegó. Recluido en Patagonia, conspiró abiertamente contra el Gobierno de Luis González Machi. Cuando Menem acabó su mandato, Oviedo pasó a la clandestinidad y pronto se le acusó de estar tras una nueva intentona golpista, en mayo de 2000, rápidamente sofocada. El Gobierno brasileño ordenó su detención y le mantuvo encarcelado durante año y medio, aunque se negó a extraditarlo a Paraguay.

Al quedar en libertad, Oviedo anunció la conversión de su movimiento UNACE en partido político y su intención de presentarse a las presidenciales de 2003. El 29 de junio de 2004 regresaba a Paraguay sabiendo que iba “derecho a la cárcel”. “Me liberaré y gobernaré el Paraguay”, prometió poco antes de ingresar en una cárcel militar de Asunción para cumplir la condena de 10 años por la intentona golpista de 1996 contra Wasmosy.

En los años siguientes, una serie de fallos judiciales confirmaron y anularon las distintas condenas por los procesos abiertos en su contra, hasta que finalmente la Corte Suprema le otorgó la libertad el 31 de julio de 2007, cuando se cumplía la mitad de su condena, tras aceptar el testimonio de altos mandos militares que negaron los hechos. Libre y rehabilitado, Oviedo no descartó una alianza con Fernando Lugo para intentar acabar con el Gobierno colorado— que llevaba seis décadas en el poder—, pero finalmente presentó su propia candidatura con UNACE y obtuvo el tercer puesto en las presidenciales.

Poseedor de una gran fortuna amasada a la sombra del general Andrés Rodríguez, que se hizo con la Presidencia tras la caída de Stroessner, una comisión del Congreso brasileño vinculó su enriquecimiento al narcotráfico, acusación que Oviedo negó siempre.

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