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La lupe "y su amigo venezolano"

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Eleazar López Contreras nieto del general y presidente venezolano habla sobre su "amistad cerrada" con la cantante cubana, a 20 años de su adiós...

 

 

"Era muy caprichosa", define Eleazar a aquella joven cubana de 25 años que en 1964 visitaba Venezuela en su primera escala de su debut internacional.

Dos años antes, La Lupe, como llamaban a Guadalupe Yoly Raymond, había dejado una isla que reprochaba su performance de simulación epiléptica, cuyo final descargaba en accesorios, zapatos y vestidos lanzados al público.

Exiliada en Nueva York con sus boleros, la admiradora de Olga Guillot y de Celia Cruz se convertía en la protegida del maestro Tito Puente, el conocido rey del timbal. Así, siendo la voz femenina de la orquesta, pretendía, como en efecto ocurrió, conquistar Latinoamérica con sus dotes de artista rebelde y Caracas trazó el comienzo de esa ruta.

Fue Puente quien llamó a Eleazar para pedirle que recibiera a la cantante, dice el también autor de libros como Mosaico de la música caribeña,Historia de la música popular en Caracas, Estampas Musicales de Caracas y Cuéntame de la música. Hicieron igual requerimiento los ejecutivos de El Palacio de la Música, sello alianza en Venezuela de Tico Records, casa discográfica de La Lupe.

La atención del anfitrión consistía en llevar a la naciente figura a los medios de comunicación. "Recuerdo que visitamos el programa de Pedro Monte, quien escogió como tema de promoción el bolero Qué te pedí y gustó mucho en el país. Así que de esa circunstancia profesional nos convertimos en amigos".

Entonces de 26 años, López Contreras era considerado un playboyvenezolano, graduado de economista en la Universidad de Florida, además de conocedor como pocos del mundo del espectáculo. También era el corresponsal para Venezuela de la revista Billboard, en la que más tarde ejercería como editor para Latinoamérica.

"Cuando nos presentaron, no sentí que estaba frente a una gran estrella. La llevé a ciertos lugares a los cuales yo normalmente no hubiera ido. Por ejemplo, me pidió, de entrada, ir a una corrida de toros en el Nuevo Circo de Caracas. Aunque me parece que es un gran espectáculo, yo no comulgo con los toros porque creo que hay crueldad en la faena. Sin embargo, accedí, y fui a buscarla al Hotel Ávila, en San Bernardino".

La artista bajó tarde de la habitación y, como consecuencia, retrasó la llegada a la fiesta taurina, que comenzaba a las cuatro de la tarde. Cuenta López Contreras que cuando descendió al lobby, lo hizo bajo un abrigo de visón blanco. "Yo no podía creer lo que estaba viendo; de modo que le pregunté: 'Pero, ¿tú estas loca, cómo vas a vestirte así?'".

La Lupe no respondió nada. Él, igualmente vestido de blanco y sombrero de Panamá, tampoco insistió. Pero, pensó: "Así es el nuevo rico". Y emprendieron el camino.

Opina que al verse con cierto reconocimiento y algo de dinero en la cartera, la Lupe, de origen humilde, quiso demostrar con su atuendo que ella era una gran estrella con poder.

"Cuando entró a la plaza aquel mujerón gigantesco, vestida con piel de visón, se produjo una algarabía en el lugar que no cesaba. El torero no sabía lo que estaba pasando y hasta el toro se paró". La Lupe había logrado su cometido: Tener el foco sobre ella, una vez más.

La cita en El Nuevo Circo sirvió como termómetro de popularidad para la cantante, también funcionó para que López Contreras presentara la idea de grabar un LP de música venezolana, con arpa, cuatro y maracas. Los sellos apoyaron el proyecto denominado La Lupe y su alma venezolana, que salió al mercado en 1966. El acompañamiento lo haría el conjunto de Chelique Sarabia. Era un repertorio criollo: Canto a Caracassería uno de los temas. "Pero La Lupe se puso nuevamente caprichosa y hubo que incluir Ódiame, un vals peruano".

López Contreras reclamó lo estrambótico del detalle, diciéndole que tratándose de su alma venezolana, ese vals no tenía que ver con el concepto del disco, pero se grabó así porque La Lupe estaba acostumbrada a romper normas y habría dicho que eso a ella no le importaba. "El resto del disco se hizo según lo pautado y ella se aprendió todos los temas rápidamente, pues tenía mucha capacidad e inteligencia".

Los medios de la época se encargaron de reseñar el trabajo hecho en Caracas.

"La prensa también dijo que fuimos novios. Yo prefiero pensar que tuvimos una 'amistad cerrada'. Nunca nos planteamos un proyecto de vida juntos. Aunque hubo cariño y nos escribíamos, no fue una relación melosa".

Considera que La Lupe fue una gran artista que, gracias a los intelectuales de una época -Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, Guillermo Cabrera Infante y Tennessee Williams- que iban a verla en La Habana, se convirtió en un culto. "Pero, con gríngolas culturales", agrega López Contreras. "Esos escritores, que la disfrutaron y que escribieron sobre ella, valoraron su originalidad, porque la originalidad es lo más importante en el arte. Sin embargo, en lo personal, para mí era difícil lidiar con que La Lupe basara su vida en las supersticiones".

Vale recordar que la cubana tomó como centro de vida la santería y, posteriormente, antes de morir de un infarto en 1992, se refugió en el Evangelio. Así, dejaba atrás la furia de sus canciones: Puro Teatro, La Tirana, Carcajada Final.

Su gran amor fue la música. En la vida de La Lupe, de acuerdo con palabras de López Contreras, lo demás era incidental. Si acudían a un restaurante, el menú poco importaba. El gusto de la mesa pasaba primero por conversaciones sobre sus sueños de convertirse en una gran intérprete.

En cierta ocasión, en una sala de baile de Nueva York, La Lupe invitó a bailar a Eleazar: "En ese tiempo, el ritmo que se bailaba en Venezuela era el de Billo. Pero yo nunca fui bailarín. Me gustaban las fiestas por el ambiente, las mujeres y los tragos. Ella, como cubana, bailaba salsa tal como se hace hoy día. Cuando comenzamos a hacerlo sucedió lo que tenía que suceder: La Lupe iba por un lado y yo por otro".

Y ese baile desencontrado se replicó en el destino de sus amores...

nllabanero@eluniversal.com
Twitter: @llabanero

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