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Mario Silva: La voz del intestino

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Mario Silva habló. Y como es habitual en él, no salió de esa fétida caverna que esconde tras el cerco de sus dientes el perfumado aroma de un bouquet de rosas. Salió lo que de habitual busca salida por otras cavernas. De cuyo uso para afanes de autosatisfacción él es hombre ducho y enterado. Como deja ver un documento de la policía de Sucre, que lo atestigua en actividades non sanctas, asunto que quedó pendiente de dilucidar ante el derrape de ambos pérfidos pecadores. Que se dieran a la fuga luego de pretender escandalizarse por el celo policial.

No fueron susurros de Sodoma o Gomorra lo que expelió esa bocota. Fue una advertencia, de esas clásicas amenazas de doble filo tan propias de las escuadras fascistas, de las que hacen como que te previenen, aunque en verdad preparan el camino para la acción del hamponato que les está subordinado. Soltó Mario Silva por ese hocico, que “corren rumores de que se prepara un atentado contra Henrique Capriles”. Conviene citarlo in extenso, para que se vea la inmundicia nazifascista que caracteriza a ese prostíbulo surto en La principal de los Ruices: “existe un plan para asesinar al candidato presidencial Henrique Capriles”. Según la teoría de Silva, “el plan estaría siendo elaborado desde Israel, EEUU junto a la oposición venezolana para jugar “al terrorismo”. Explicó que “Capriles sería luego sustituido por Leopoldo López; quien estaría involucrado con la CIA.”

Como suele ser habitual en ese limbo delincuencial en que se mueven los esbirros y matones del chavismo, no es que se apersonó ante algún despacho del ministerio público, llamó a la fiscala o se comunicó con alguna dependencia del Ministerio del Interior para consignar sus datos, antecedentes, pruebas del atentado que advierte. Incluso grabaciones hechas desde La Habana por el G2, o correos interceptados por los servicios de los laboratorios tecnológicos de Miraflores. Lo dijo como al pasar, precavido como es, para que no se diga después que él no lo dijo, que los culpables son otros, que ese atentado – si llegara a efectuarse – estaba diseñado por la oposición para, etc., etc., etc. Procede a redropelo del habitual trámite: esconde la mano y luego tira la piedra. Si de resultas de tal pedrada llegara a destrozarse el cráneo de la víctima, no cabrán dudas. Mario Silva previno. La culpa sería del imperio y de la MUD. Huele a tufo cocainómano, a proxenetismo mediático, a inmundicia gonorreica. Vale decir: huele a Mario Silva. Huele a La Hojilla.

La verdad es que el Mario El Narco está tan chorreado, como su jefe. Y sabiendo que ya van 7 puntos de diferencia, pero que de aquí al 7 de octubre podrían duplicarse, comienza a circular preparativos para ver cómo enfrentar la catástrofe. Sabe alias Mario Silva que de El Dorado no lo salva nadie. Que allí podrá disfrutar de sus secretos placeres, pero enrejado. Y que posiblemente no vea la luz de la libertad hasta el fin de sus días.

Así son las cosas.

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