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Vive rápido, muere joven y deja una hermosa obra

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Jean-Michel Basquiat - Vive rápido, muere joven y deja una hermosa obra

Dicen que al final de su corta vida, el talentoso artista neoyorquino tuvo un sueño: organizar una gran exposición de sus trabajos en París. Casi 50 años después de su nacimiento, y más de dos décadas luego de su muerte por una sobredosis a los 27 años, el anhelo de Jean-Michel Basquiat finalmente se ha hecho realidad. El Museo de Arte Moderno parisino realizó una descomunal exhibición de una obra que mezcla las mitologías sagradas del vudú, los cómics, la Biblia, los héroes afronorteamericanos del boxeo y la música, y la denuncia del racismo. Retrato de un hombre que se creía inmortal.

El Musée d'Art Moderne de París está enclavado en una zona soñada. A pocas manzanas de Champs Elysées, la célebre avenida en donde se esparcen como estrellas de un firmamento muy cercano las casas más chics de la moda -Chanel, Louis Vuitton, Cartier, Hugo Boss, entre otras-, el museo que se levantó en 1977 reúne en su colección 50 mil obras de arte que atraviesan desde el cubismo y el surrealismo hasta el arte pop. Esta institución francesa fue la encargada de cumplir el último deseo de Jean-Michel Basquiat (Brooklyn, 1960) antes de morir tan prematuramente: una mega exposición de su obra. Lugar indicado entonces para albergar a una firma prestigiosa del arte estadounidense de fines del siglo XX.

 

La muestra fue posible gracias a Bruno Bischofberger, comerciante de arte y coleccionista suizo que protegió a Basquiat desde1982. Fue él quien tuvo la idea de la colaboración con Andy Warhol. Según el galerista, "A veces Warhol no estaba tan contento porque él pintaba algo y Basquiat se metía y pintaba sobre todo. Pero Basquiat a veces pensaba que Warhol era flojo porque terminaba rápido y Basquiat quería volver a todo una y otra vez". ¿Qué sería de Basquiat si no se hubiese encontrado con Warhol? Esa es la pregunta que sobrevuela cuando se arriba a la sala que tiene como asunto la relación artística entre ambos popes. Lo que salta a la vista, en primera medida, es que Warhol, pese al aura de hombre mediático y promotor de marketing más que de un artista de bastidores, tendía a ser "académico", prioridad que el niño mimado del underground neoyorquino de los 80 no tenía o que no le pesaba tanto aunque en lo formal estaba muy bien preparado. Warhol escribió en su diario: "Jean-Michel Basquiat ha conseguido que pinte de una forma muy diferente, y eso está muy bien".

 

Esta metamorfosis warholiana tal vez fue producto de una marca indeleble en Basquiat: el cruce de academia y calle fue primordial en su formación artística. Fab Five Freddy, un viejo amigo, afirmó: "Veníamos los dos de Brooklyn, y Jean-Michel era el único que conocía a Caravaggio, Warhol y tantos otros, y a la vez que sabía lo que pasaba en la calle". Pero más allá de la enriquecedora unión, la muestra incluye a más de 150 piezas que recorren los furtivos e intensos diez años desde que Basquiat descendió al metro neoyorquino y pintarrajeó con su compañero de aventuras Al Díaz -bajo el alias de SAMO© (Same Old Shit, es decir, "la misma porquería")- hasta el reconocimiento de la crítica, del público y de los coleccionistas del mundo.

 

El comisario de la exposición, Dieter Buchhart, habló con el padre de Basquiat, quien le dijo que en sus últimos meses de vida el enfant terrible quería hacer una gran muestra en París. Voilà. Para Buchhart, "Basquiat es un eslabón muy importante en la cadena que llevó a la liberación de los afronorteamericanos. El forcejeo del artista con el racismo fue un tema importante en su trabajo. Es abiertamente político, aborda asuntos de raza y cuestiona el capitalismo de los modos más fuertes".

 

Su padre, Gerard Basquiat, era un contable haitiano, y su madre, Matilde, una diseñadora gráfica puertorriqueña. Sin embargo, se divorciaron y por esta situación tanto en su infancia como en su adolescencia tuvo que cambiar muchas veces de escuela. Para muchos, Basquiat fue el primero en romper el techo de cristal que había mantenido a artistas afronorteamericanos fuera de la élite del arte. Por eso Buchhart remarcó que su lugar deslumbrante en el mundo del arte ayudó a allanar el camino para otros prominentes afronorteamericanos, entre ellos, el presidente Barack Obama.

 

 

Cifras contundentes

 

Emprendamos esta retrospectiva a partir de los números, esa entelequia que se choca todo el tiempo con el arte. A veces por la relación tirante que existe entre el reinado de un artista y las contingencias financieras que encarna o depara su obra. En otras ocasiones por la concretización del lema que inmortalizó James Dean: "Vive rápido, muere joven y deja un hermoso cadáver". Basquiat sólo vivió 27 años: falleció el 12 de agosto de 1988. Una sobredosis de speedball (fulminante combinación de cocaína y heroína) nos privó de saber hasta dónde hubiesen llegado sus posibilidades. En menos de diez años, realizó 40 exposiciones personales y más de 100 colectivas. Si bien comenzó en el universo de los graffitis, pintó unos 900 cuadros y unos 1250 dibujos. Si se trata de ventas, Christie's vendió por 13,5 millones de dólares Untitled (Boxer), de 1982, cuyo dueño era el baterista de Metallica, Lars Ulrich. Pero Sotheby's estableció un récord mundial de subasta para una pintura de Basquiat en mayo de 2007 cuando adjudicó Untitled, de 1981, por 14,6 millones de dólares en Nueva York. Desde entonces ha vendido otras obras destacadas del pintor como Untitled (Elecric Chair), de 1981, comprada en 11,8 millones de dólares, en noviembre del 2007, y Untitled (Prophet I), del mismo período, vendida por 9,5 millones. El seguro de la monumental exhibición que acaba de finalizar en el Museo de Arte Moderno parisino costó casi dos millones de dólares.

 

A las cifras las acompaña siempre el endiosamiento o la diatriba acérrima del artista en cuestión. En vida, Basquiat no fue maltratado por la crítica, salvo tal vez el momento en que trabajó junto con Warhol. Edward Lucie-Smith sostuvo: "El más celebrado artista afronorteamericano de los 80, Jean-Michel Basquiat, utilizó con frecuencia la imaginería 'negra', pero al mismo tiempo, siempre demostró su ansiedad por someterla a claros acentos de universalidad. Su intención no era tanto construir una capillita más para la cultura afronorteamericana, sino competir en igualdad de condiciones con su mentor Andy Warhol".

 

El teórico alemán Klaus Honnef afirmó: "Sea casualidad o no, si se pasan por alto las significativas alusiones a la existencia social de los afronorteamericanos en Estados Unidos y la furia considerable de sus cuadros, se podría llegar a la conclusión de que las pinturas y los dibujos de Basquiat están enraizados en la estética francesa, y no en los graffitis de Nueva York". Para Irving Sandler, Basquiat "se convirtió en prototipo del genio romántico, atractivo, rebelde, hip y salvaje y, a la vez, en el profesional ansioso de celebridad y dinero, en la última de las estrellas del universo rutilante de Andy Warhol".

 

En la otra acera, el investigador Federico Rosa advirtió: "Basquiat no era Arthur Rimbaud o Henry Tanner. Basquiat era un estudiante de arte anticipado a su tiempo, que alcanzó demasiado pronto su estatus de súper estrella. Su iconografía no es, como algunos eruditos quieren probar desesperadamente, una mezcla de urbanidad con incautaciones del vudú. En cambio, él sabía más sobre Babar, Mickey Mouse y Warhol, que sobre Haití y sus tradiciones religiosas o iconográficas". Robert Hughes, legendario crítico norteamericano, recordó una anécdota terrible en una reseña no muy simpática luego de la muerte del artista: "Su marchand Annina Nosei lo tuvo encerrado en el sótano de su galería pintando cuadros (ahora calificados como 'primeros Basquiat', para distinguirlos de los menos apreciados 'últimos Basquiat', pintados tres años más tarde) que ella vendía antes de que estuvieran secos y, algunas veces, antes de que estuvieran acabados".

 

 

Exotismo en trance

 

Joven, apuesto, pobre -por lo menos durante algunos años y por decisión propia-, afronorteamericano y de ascendencia hispana, supuestamente vinculado al mundo de las pandillas, con un pasado reciente de frenético y contestatario graffitero. Uno a uno los pasos que dio y que lo estigmatizaron -sin contar su relación problemática con las drogas- fueron encumbrándolo a su pesar. El mercado del arte levantó su nombre como contraposición arrogantemente antiintelectual a Keith Haring, artista de raíces graffiteras aunque con una sólida formación artística. Su temprana muerte marcó la definitiva consagración del mito de la contracultura norteamericana.

 

En la relevante muestra llevada a cabo en París -primero había tenido lugar en la Fundación Beyeler de Basilea, Suiza-, se impone el viaje biográfico. Para empezar, los años de arte callejero a fines de los 70, cuando con su amigo Al Díaz formaron el escuadrón graffitero SAMO©. Luego arribamos a su participación en la muestra colectivaNew York/New Wave en 1981, organizada por Diego Cortez en P.S.1, una galería anexa al MoMA; y a la primera exposición en solitario en la galería de Annina Nosei en marzo de 1982: las obras Per Capita y Arroz con Polloasocian elementos del "viejo" Basquiat (el graffitero) con la furia pasmosa que caracterizará a su trabajo. Entre 1982 y 1983 realizó Tuxedo, una serigrafía sobre lienzo a partir de otros 16 dibujos, estampados conjuntamente, que hizo en casa de Larry Gagosian (Venice, California), el célebre galerista.

 

Undiscovered Genius of the Mississippi Delta, de 1983, manifiesta el sombrío legado de la segregación y sintetiza la compleja combinación de temas y tratamientos pictóricos que Basquiat estaba desarrollando. Es una etapa crucial en su vida: en mayo de 1982, se unió al galerista de Zurich Bruno Bischofberger, que trabajó en sociedad con la Mary Boone Gallery de Nueva York. Las dos exhibiciones que se organizaron en Zurich sirven de previa entrada a la sala 9, donde resalta el fabuloso Now's the Time, de 1985, un gran disco de madera negro pintado con líneas blancas para dar la impresión de un enorme LP; fue un tributo a Charlie Parker. En este punto, las pinturas de Basquiat celebran íconos de la cultura afronorteamericana: desde campeones del boxeo como Cassius Clay, Sugar Ray Robinson y Joe Lewis, hasta músicos de jazz como Miles Davis.

 

Uno de los tantos amantes de Madonna, amigo de personalidades ilustres de su tiempo como el músico David Byrne y el cineasta Jim Jarmusch, su vida se terminó muy rápido. En los últimos tiempos, según los testimonios de sus amigas y amigos, sus abusos con las drogas eran rutinarios. Justamente, la sala que sirve como final del recorrido ("Les dernières années") está compuesta por pinturas que oscilan entre extremos de espacio vacío y saturado, con colores oscuros y el morbo acentuado de ciertas imágenes que pueden ser tomadas como premonitorias. Como son el caso de Eroica I & II (con la inscripción "Man dies" (hombre muerto) y Riding with Death.

 

"Nunca sé demasiado bien si estoy vivo. De todas formas no me preocupa demasiado, creo que soy inmortal", le confesó a una de sus parejas, Jennifer Goode. La idea de su inmortalidad surgía como pretexto cada vez que un Warhol paternal le achacaba el abuso de drogas: "No te preocupes, soy inmortal".

 

 

Esta imagen fue tomada en su estudio neoyorquino, en Great Jones Street. Corría 1985. Aún le quedaban unos pocos años de vida. Para celebrar lo que serían sus cinco décadas, la Beyeler Foundation armó una muestra que primero se Para celebrar lo que serían sus cinco décadas la Beyeler Foundation exhibió en Suiza y luego en París. Su lugar deslumbrante en el mundo del arte ayudó a allanar el camino para otros prominentes afronorteamericanos, entre ellos, el presidente Barack Obama. En menos de diez años, realizó 40 exposiciones personales y más de 100 colectivas. Si bien comenzó en el universo de los graffitis, pintó unos 900 cuadros y unos 1250 dibujos. Su temprana muerte marcó la definitiva consagración del mito de la contracultura norteamericana. “Nunca sé demasiado bien si estoy vivo. De todas formas no me preocupa demasiado, creo que soy inmortal”, le confesó a una de sus parejas, Jennifer Goode. Juventud divino tesoro Falleció a los 27 años lamisma edad que poseían estrellas del rock como Jimi Hendrix JimMorrison y Janis Joplin. Andy Warhol escribió en su diario: “Jean Michel Basquiat ha conseguido que pinte de una forma muy diferente y eso está muy bien.   

 


 

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